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Con el espejo hasta la cima: el selfi con espejo más alto de Europa

Con el espejo hasta la cima: el selfi con espejo más alto de Europa

Escrito por: Daniel Thiel

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Tiempo de lectura: 2 min

«Convierte tu reflejo en una historia, no solo en una imagen».

Eso era lo que pensaba cuando me puse en marcha con un espejo a la espalda, rumbo a una montaña de 3400 metros de altura en Austria. ¿Por qué? Porque quería demostrar de lo que es capaz nuestro elamirror.


Y sí, también un poco porque fui lo suficientemente loco como para hacerme el selfi al aire libre más alto de Europa.

La idea: un espejo, una cima y un plan bastante descabellado

Todo empezó —como suele ocurrir— tomando un café en nuestro taller. Tenía en las manos nuestro último prototipo: ultraligero, flexible, irrompible… y, aun así, un espejo de verdad. Lo giré, me miré en él y pensé:


«Si decimos que el elamirror es una auténtica innovación, tenemos que demostrarlo. Y hay que hacerlo bien».


¿Una prueba normal en el prado? Qué aburrido. Yo quería ir a lo grande.


La elección recayó en una cumbre alpina de los Hohe Tauern austriacos. 3.400 metros de altura, técnicamente exigente, con tramos de escalada y crestas: justo lo que me gusta.

Las semanas anteriores entrené como un poseso. Sesiones de escalada, pruebas de equipaje delante del espejo. Porque una cosa estaba clara: aunque solo pesara 1,2 kg, a 3.000 metros de altitud todo parece el doble de pesado.


«Si vas a la montaña con eso, o bien tienes un plan… o bien estás loco». – Cita de un guía de montaña tras ver el equipo.

El ascenso: roca, hielo y las primeras dudas

Salí antes del amanecer, junto con Félix, mi videógrafo. Hacía frío, el cielo estaba despejado y las linternas frontales iluminaban el pedregal y las rocas.


El elamirror sobresalía de mi mochila como un ala de alta tecnología. Al principio todo parecía ir bien: el espejo se mantenía estable y apenas se notaba su peso.


Pero cuanto más subíamos, más accidentado se volvía el terreno. Tuvimos que ponernos los crampones y los tramos de escalada se hicieron más exigentes. Tuve que concentrarme al máximo: las manos en la roca, los pies en pequeños salientes, y el espejo como un compañero silencioso a mi espalda.


Todo iba bien. Hasta llegar a la cresta. Y al viento.

El viento: cuando el espejo casi me arrastra por la montaña

A partir de unos 3.200 metros, todo cambió. El viento se intensificó, y no poco a poco, sino con toda su fuerza.

Lo que antes era un pequeño espejo se convirtió de repente en una vela. Notaba cómo me empujaba. Cada ráfaga me hacía perder el equilibrio. En un momento tuve que tirarme contra la roca porque pensé: «Ahora mismo te va a levantar del suelo».


El espejo se agitaba amenazadoramente; yo me aferraba a un saliente de la cresta. Félix me gritó algo, pero no entendí nada. Solo el viento. Solo el pensamiento: «No te rindas ahora». 


A pesar de todo, seguí adelante. Centímetro a centímetro. Contando las manos, los pies y las respiraciones. Me abstraí de todo, salvo del siguiente agarre.

El momento: la cima, la emoción, el brillo del agua

Hacia el mediodía llegamos a la cima. Ni un alma. Solo silencio… y viento.

Monté el espejo y lo fijé a un peñasco con mosquetones. Lo comprobé todo una vez más y me coloqué delante.


📸 Clic.


Un selfi. Sin filtros. Sin poses. Solo yo, el cielo, el panorama… y mi reflejo a 3.400 metros de altura.


Lo que vi no fue solo mi rostro. Era toda la historia: el ascenso, la lucha contra el viento, la llegada. ¿Y el elamirror? Intacto. Ni una arruga, ni una grieta, ni rastro de la tormenta.

En retrospectiva: por qué esta selfie fue más que una simple foto

El descenso fue más tranquilo, más relajado, al menos en mi mente. Estaba cansado, pero satisfecho.

De vuelta en la cabaña, miré la foto en el móvil. Y supe al instante: esa es.


✔️ El elamirror ha superado la prueba de resistencia definitiva
✔️ Sin daños, a pesar del contacto con las rocas, la escalada y las ráfagas de viento
✔️ Un selfi que no solo es digno de ver, sino que cuenta una historia


Pero lo más importante no era la foto. Era la sensación.


💡 Saber que hemos creado algo que no solo brilla, sino que además perdura. Incluso cuando crees que estás a punto de salir volando.

La próxima vez que te mires al espejo, pregúntate:
🪞 ¿El tuyo ha estado alguna vez a 3.400 metros? El mío sí.